El otro lado de los puentes


No importa gris, no importa nublada, no importa si no estuve allá, si aún no piso tierra, si sigo soñando. Así es Praga, la ciudad de oro, al menos su puente, es para mi, una inspiración para el amor y el delirio. Sobre el rió, entre cúpulas , entre historia, entre romances de novela de Kundera, entre poesía escondida de Jiri Kolár, si alguna vez me he de enamorar en Europa, que sea en otoño, sobre el Carlos Brigde. No deliro más!

Luna, lunera, cascabelera.....

Luna, lunera, cascabelera, de ojos azules y boca morena......¿Quién no se acuerda de esta frase?, me la enseñaron en el colegio, hace años!! Existen lecciones bellas que no se olvidan.
.......Cuentan de una niña con nariz pequeña, que solía ver la luna, cada noche. Pero un día ella no estaba, y la sábana oscura de la noche hacia fría toda la habitación, la niña pego su nariz al cristal de la ventana, tanto que parecía un sapito incrustado. Lo hacia con la intención de poder ver mejor, en el cielo, aunque sea una pequeña luz de su amiga Luna. Nada, cansada se metió en la cama, y al darse cuenta con sus ojitos semi abiertos que ella, estaba allí, brillando en lo alto. La niña durmió sonriendo y feliz.
Por eso, nunca pierdo la fe, aunque la luna sea sólo la humedad dejada en una ventana por mi nariz, igual ella brilla en mi mente.

Subiendo la escalerita


Si Cenicienta hubiese tenido que subir esta escalera, y no bajar la escalera de un castillo, pues el cuento hubiese sido algo macabro, y lo comento, por que voy rompiendo 3 tacones en lo que va de un año, es que he tenido que cambiar de tienda de zapatos y aprender a caminar con delicadeza por cada escalinata de este puente. Lo positivo, que tengo muslos mas fuertes, lo negativo, no puedo ir en falda. Si alguno de ustedes lleva varios años cruzando el puente para tomar su combi, bus, enatru, etc. Y sufre de shock o mareos en la altura, pues unamos en un suspiro, que no hay de otra, salvo que aprenda a conducir, o salvo que me mude a otro distrito, aunque ya me di cuenta que Lima tiene cada vez mas puentes, y más carros amenazantes con pasar por encima de uno, si se atreve a cruzar por donde no debe.. Cuidado, que es mejor tener un taco menos.

Al fondo hay sitio. Parte II

Sí, esa es mi combi, estoy en la Av. tacna, camino a casa, ya en Lima, ciudad de Virreyes, y en la era actual, ya no hay carruajes, así que a acomodarse como sea en ellas, y a escuchar el cantar repetitivo del cobrador de combi, cual anunciante empedernido, con gallos y todo. El que se duerme pierde, y el que no puede dormir por el incesante ruido emitido por la radio favorita del chofer, pues no le queda mas, que mirar el paisaje. Y yo, conocedora de las actividades dentro de una combi, pues llevo siempre, chica precavida, mis audífonos, mis galletitas y chupetín para entretenerme en cada parada, y ni que hablar de un libro de bolsillo, que si la ruta es larga, y ya me aprendí de memoria las calles y conté cada poste de luz, pues a leer, si es que consigo concentrarme, o simplemente a terminar de inventar mi siguiente cuadro. Al final mientras vaya sentada, todo es mas placentero, aunque sea en una combi.

Al fondo hay sitio. Parte I

Que no me deje el camión......!! Un día de visita por Cajamarca, iba quejándome mentalmente de lo apretada que venia al bajar de la combi de regreso a casa; y vaya que la suerte fue la misma para esta señora, que casi la deja el camión, iba vociferando, paren paren! Lo curioso está, en que muy pocas personas, al menos de la capital saben que este medio de transporte se usa hasta hoy, en pleno siglo XXI, en las alturas de la sierra del Perú, mucha gente baja de sus halcas, trayendo leche fresca ordeñada en la madrugada, de sus vaquitas que comen pastito verde, y también quesos, quesillos, cosechas de algunas hortalizas y un menjunge de plantas, para ofrecerlas en los mercados de la ciudad. Ellos viajan así, apretaditos, riéndose, con el viento en la cara, con sus mejillas coloradas. Ellos son así, alegres, coloridos, y se acomodan como pueden a lo moderno de una ciudad a pocas horas de sus casitas de barro en las halcas de su tierra.