Ser madre

......Una noche, hace un tiempo atrás, cogí la mano de primer hijo mientras dormía y empecé a observar lo delicado de su piel, su color era perfecto; como las flores cuando brotan, de transparencia sutil y textura angelical. Tomaba su manito de seis meses de nacido, veía las tímidas líneas de la vida en su palma y cada dedito y cada articulación; era un maquinita perfecta, aun sin adiestrar, pero lista para desenvolverse en sus funciones, capaz de dar caricias algún día, de expresar su carácter, de tocar alguna melodía; de sujetar con vehemencia; la delicadeza de aquella manito me hizo ver la mía envejecida, desgastada, con ranuras imperceptibles en otro momento; y sentir como ha pasado el tiempo. La cogí y palma con palma, sentía su fragilidad, la humedad de inocencia, su volátil aroma de bebe; el mundo era solo nuestras manos en ese instante. Mis sentimientos se revolvían haciendo un nudo en mi garganta, y de pronto iba entendiendo lo que significaba ser madre.
Cuando un hijo, aprieta tu mano, no hay sentir que no genere una avalancha de emociones, inexplicable cúspide de sentimientos...mis lagrimas brotaron como la lluvia en meses de sequía, y el dolor oprimido en mi garganta , se convertía en un escollo, para poder sentirme feliz. Ahora que recuerdo aquel sentimiento, sé que eso fue la felicidad. Desde aquel momento, la razón y el amor se encausaron en un mismo sendero. Ser madre, me hace creer en lo infinito, que la energía se trasmite, que el amor puro existe, que el instinto no es mas que el inicio, que nada se compara en el mundo, al instante perfecto del contacto de su alma con la mía.