Al fondo hay sitio. Parte I

Que no me deje el camión......!! Un día de visita por Cajamarca, iba quejándome mentalmente de lo apretada que venia al bajar de la combi de regreso a casa; y vaya que la suerte fue la misma para esta señora, que casi la deja el camión, iba vociferando, paren paren! Lo curioso está, en que muy pocas personas, al menos de la capital saben que este medio de transporte se usa hasta hoy, en pleno siglo XXI, en las alturas de la sierra del Perú, mucha gente baja de sus halcas, trayendo leche fresca ordeñada en la madrugada, de sus vaquitas que comen pastito verde, y también quesos, quesillos, cosechas de algunas hortalizas y un menjunge de plantas, para ofrecerlas en los mercados de la ciudad. Ellos viajan así, apretaditos, riéndose, con el viento en la cara, con sus mejillas coloradas. Ellos son así, alegres, coloridos, y se acomodan como pueden a lo moderno de una ciudad a pocas horas de sus casitas de barro en las halcas de su tierra.


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